Casi en la frontera con la próxima Guadalajara se encuentra éste municipio de antepasados celtíberos y famosos manantiales. Haremos un poco de historia: Con más de 2000 años de antiguedad, Carabaña es uno de los municipios más antiguos de la comunidad de Madrid. Sus orígenes se remontan a la época pre-romana de los celtíberos, quienes la conocían como Caroca. Fue uno de los principales puntos de la calzada que unía Tarragona con Mérida. De esta época se conservan algunos vestigios como los restos de la calzada romana, ruinas del templo dedicado a Diana y un altar con inscripciones romanas, todavía visible en la plaza del Ayuntamiento. Recientes excavaciones vislumbran lo que fue una población visigoda en los siglos VI y VII.

Comenzamos nuestra visita por la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción templo del s. XVI que consta de una planta de tres naves divididas, con pilastras jónicas y arcos de medio punto, conserva una pila bautismal visigoda y un sepulcro del s. XVII. Próxima a ésta se encuentra la Fuente de Carlos III, de estilo neoclásico. Edificada sobre un antiguo templo romano, la ermita de Santa Lucia del s. XVI cuenta con varias cuevas y una necrópolis visigoda.
Olivares en Carabaña Fernando Pérez-Vigo (c) 2008

Como ya se ha indicado, Carabaña se ha conocido tradicionalmente por sus olivos centenarios, de cuyas olivas hojiblanca y cuernicabra (o cabritas) se elabora un aceite de oliva de extraordinaria calidad. Otro producto tradicional es su agua minero-medicinal, cuyo manantial original se encuentra en la base del Cerro Cabeza Gorda. Asociado a la explotación de dicho recurso permanecen todavía, la fábrica de embotellado y productos cosméticos, la central eléctrica y el balneario. La fábrica data de finales del s. XIX, ha sido rehabilitada como albergue juvenil. Próximo a ésta se encuentra el apeadero de Chavarri, donde se expedía el agua embotellada y era muelle exclusivo para la carga de botellas de agua de Carabaña. Frente a estas construcciones se encuentra la central eléctrica de Chávarri que suministraba energía al conjunto de las instalaciones y ocupaba el lugar de un antiguo molino harinero. Hoy reconvertido en restaurante-museo y hotel por el grupo Foxá, tiene un valioso valor estético, además, la central se abastecía de un caz procedente del Tajuña, lo que creó un espacio cubierto de olmos centenarios. Otras construcciones asociadas al río son el puente del s. XVII sobre el Jarama y los molinos del Cisne y del Tejado. Completan la visita parques como el de la Morera, del Descansadero o el de la Estación. El agua de Carabaña: Sus cualidades eran conocidas por los campesinos y pastores de la zona, que comentaban sus propiedades, teniéndolas como saludables para el cuerpo. A mediados del siglo XIX, se recogía el agua en garrafas y repartía por la provincia, teniendo constancia de su utilización como medicamento en numerosos afecciones digestivas. A finales del siglo XIX, nace la industria de Las Aguas Minero Medicinales de Carabaña La Favorita. Don Ruperto Jacinto Chavarri, manda analizar el Agua, e inicia la comercialización de la misma, apoyado por la clase médica que atestigua su enorme riqueza en minerales, en una proporción única que revela sus efectos en afecciones digestivas, intestinales y hepáticas, en uso interno, y dermatitis y cutis graso en uso externo. El Agua Minero-medicinal de Carabaña, es presentada en las exposiciones y congresos médicos de la época, obteniendo numerosas premios, entre otros en la Exposición Universal de Paris de 1889. A principios del siglo XX, el Agua de Carabaña, se comercializa en Europa y América, alcanzándose la cifra de Cuatro millones de botellas vendidas en los años treinta. Es declarada de utilidad pública el 4 de mayo de 1928. Desde 1904, con las maravillosas sales que se obtienen a partir de la cristalización del Agua, se elabora el jabón de sales de Carabaña